El Reino Unido ha decidido vender sus bosques públicos con el objetivo de paliar el déficit público que sufre el país. Según informaciones publicadas en The Sunday Telegraph, se pretende vender aproximadamente 374.000 hectáreas de bosques propiedad del Estado en los próximos diez años.
De esta forma, la legislación por la que se regía el uso de los bosques nacionales, como el famoso Sherwood, el bosque de Robin Hood, será cambiada para dar a las empresas privadas el derecho a acceder a la propiedad y gestión de los montes.
Según The Sunday Telegraph, desde el Gobierno inglés se insiste en que se trata, en muchos casos, de poner los bosques a disposición de las comunidades u organizaciones no gubernamentales locales para que los gestionen directamente, pero el rechazo por parte de las organizaciones ecologistas no se ha hecho esperar.
En España, expertos forestales y ecologistas coinciden en que sería un error que España siguiera el ejemplo de Reino Unido. El secretario general del Colegio de Ingenieros Técnicos Forestales, Santiago de la Calle, ha señalado que los montes son “el mayor patrimonio del Estado” y, en ese sentido, considera que ponerlos a la venta sería como vender La Alhambra o el Museo del Prado.
Según el secretario, el mayor valor que tienen los montes no es el económico, sino sus “beneficios no tangibles”, como su papel en la regulación del ciclo hidrológico, la calidad de las aguas, el tipo de erosión, el valor como sumideros de carbono y mitigador del cambio climático, o el valor turístico y recreativo.
Las empresas españolas no están interesadas
Grupos ecologistas españoles como Greenpeace o Ecologistas en Acción coinciden en que “España no debería copiar” esta decisión del Reino Unido y consideran que una campaña como la del Reino Unido “no calaría en España” porque los empresarios no verían la operación económicamente rentable.
Según Miguel Ángel Soto, responsable de la campaña de bosques de Greenpeace, las empresas españolas no se interesarían por la oferta porque si los bosques y los montes que se ponen a la venta mantienen el carácter no urbanizable, sólo pueden ser utilizados como cotos de caza, campos de golf o para otros métodos recreativos, por lo que para un empresario “no sería rentable comprar cuando no hay una expectativa maderera que haga el terreno atractivo en el mercado”.









