La importación de biodiésel, un 50% más en 2010, crece sin estrategia de futuro

La implantación de los biocombustibles en España atraviesa una etapa de incertidumbre ante la carencia de una estrategia política a largo plazo para utilizar esta fuente de energía renovable como sustituta de los combustibles fósiles en el sector del transporte, lo que ha generado la paralización de la producción nacional por la importación sin control desde terceros países, según se desprende del Informe Biocombustibles 2010, elaborado por el departamento de Gestión del Conocimiento de Torres y Carrera, Consultores de Comunicación.

El estudio señala que en 2010, según las estimaciones de la CNE (Comisión Nacional de Energía), el biodiésel importado pasó de representar el 30% del consumo total de este producto en 2009 -que es el 85,5% de los biocombustibles- a ser el 45% en 2010, lo que significa un crecimiento del 50%.

Los datos provisionales de Comercio exterior apuntan que hasta noviembre de 2010, se importaron 712.500 toneladas, un 23,6% más que en el ejercicio anterior, de las que el 54,2% procedían de Argentina (un 95% más) y el 24,1% de Indonesia (un incremento del 376%). Este crecimiento se debe a que estos dos países (que suponen el 78,3% del total) incentivan la venta de biodiésel al exterior, generando una situación de dumping, porque a las empresas españolas les resulta más barato importarlo que producirlo en España.

España tiene una capacidad de producción de 4,2 millones de metros cúbicos de biodiésel -algunas fuentes estiman que asciende a 5 millones-, lo que lo sitúa como el tercer país en el ránking mundial, por detrás de Estados Unidos y Alemania. Sin embargo, en 2009 solo produjo 907.000 metros cúbicos, lo que significa el 21,5% de la capacidad instalada. Ante este escenario, los productores reclaman al Gobierno que implante medidas protectoras del producto nacional , ya que las factorías han dejado de elaborar biodiésel y les resulta imposible rentabilizar unas inversiones estimadas en 1.4000 millones de euros.

Crisis política en África

Tras la subida del petróleo a causa de la crisis política del Norte de Africa y Oriente medio, el Gobierno decidió a finales de febrero de 2011 elevar la mezcla obligatoria de biodiésel en gasolinas y gasóleos del 5,9% previsto inicialmente al 7% (un crecimiento del 18,6%), pero no ha tomado aún medidas para proteger el consumo de biodiésel nacional. De hecho, paralizó una orden ministerial para imponer unas cuotas de utilización de la producción española de este producto, a pesar de que ya contaba con la aprobación de la CNE.

El Informe destaca que España está cumpliendo los objetivos previstos para el uso de los biocombustibles -el 3,43% y el 5,75% en gasóleos y el 6,20% en gasolinas en el pasado ejercicio- y se ha colocado como el cuarto país europeo en la utilización de esta fuente de energía, con 1.046.000 toneladas (894.000 toneladas de biodiésel y 152.000 de bioetanol).

En este sentido, el documento de Torres y Carrera, que forma parte de un informe global sobre las Energías Renovables, señala la necesidad de establecer medidas políticas claras y definidas para la implantación de los biocombustibles y poder cumplir el objetivo impuesto por la Unión Europea para que a finales de 2020 el 10% de la energía consumida en el sector del trasporte proceda de fuentes renovables. Los expertos de la Comisión Europea sostienen sostienen que en el horizonte de 2050 es posible sustituir los combustibles fósiles en este sector, el mayor emisor de gases contaminantes, por energía obtenida de fuentes limpias.

En este sentido, la Comisión Europea exige en la Directiva de fomento de las energías renovables que las materias primas empleadas en la producción de bioenergía se deben obtener en condiciones de sostenibilidad, ya que, en caso contrario, su aportación para frenar las emisiones de gases de efecto invernadero tendría consecuencias perniciosas para el medio ambiente.

El estudio también advierte que, si bien España ha planificado en el PANER las medidas para cumplir en 2020 las exigencias de la UE, el Gobierno ha rebajado en los últimos meses los objetivos para la implantación de las energías renovables, a favor de un mayor uso del gas natural. Una estrategia que supone una elevada dependencia energética de los combustibles fósiles, con notables riesgos económicos, como se ha puesto de manifiesto con la crisis política del Norte de África y Oriente Medio.

 

 



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