El futuro de las energías renovables en España, cada vez más confuso

La implantación de las energías renovables en España ha pasado de un periodo luminoso y expansivo, aunque aquejado de un exceso de voluntarismo,  a un estadio de confusión en el que su desarrollo parece más cuestionado cada día, justo en una coyuntura económica (incremento notable del precio del petróleo) y política (inestabilidad política en el Magreb y Oriente Medio) que recomienda apostar por un modelo que aporte autonomía energética, cómo lo hacen la fuentes limpias.

La crisis económica que sufre España es la razón por la que el Ministerio de Industria ha recortado la primas destinadas a impulsar el sector de las renovables, que a finales del mes de noviembre de 2010 ascendían ya a 6.452 millones de euros (la previsión es que a finales de año alcancen los 7.000 millones, un 13% más que en 2009). Por este motivo aprobó un conjunto de decretos desde 2008 que han supuesto una reducción de las ayudas previstas. Tan sólo en 2010, el Gobierno impulsó cinco normas que supondrán un ahorro de 4.600 millones de euros en el periodo 2011-2013, según los cálculos del departamento que dirige Miguel Sebastián.

Pero el Gobierno no camina solo en esta senda de recortar las ayudas al sector de las renovables. La subcomisión de Energía de Congreso aprobó a finales de noviembre un recorte en los objetivos trazados por el Gobierno en el Plan de Acción Nacional de Energías Renovables (PANER), al pasar del 22,7% previsto por el Ejecutivo en el documento que remitió a la Comisión Europea, al 20,8%. Además, el Congreso acuerda apostar sólo por fuentes renovables que utilicen “tecnologías maduras”, impulsar el gas y mantener las ayudas al carbón nacional, lo que reduce notablemente el protagonismo de las fuentes limpias en el “mix eléctrico” a favor de las energías de origen fósil.

Inseguridad para el sector

El Acuerdo Social y Económico firmado la pasada semana por el Gobierno y los agentes sociales (CEOE, UGT y CC.OO) avala esta estrategia ya que  propone elaborar un nuevo Plan de Energías Renovables 2011-2020, en el que se recogerá “una senda indicativa de la instalación de esta modalidad de energía que permita alcanzar el mix energético de referencia a 2020″, de acuerdo con la “oferta diversificada” que aprobó el Congreso para el horizonte 2035. La Directiva 2009/28/CE  establecía que este documento tenía que estar presentado antes de julio de 2010.

Los pasos dados por el Gobierno han sido duramente criticados por las patronales del sector de renovables, dado que consideran que las ultimas medidas suponen una “vulneración” de los derechos adquiridos y una “inseguridad jurídica” para sus inversiones por el efecto retroactivo de los recortes. Una opinión similar mantiene el comisario de Energía de la UE, Günther Oettinger, quien denunció hace días que estas medidas eran “no correctas” porque podrían influir de manera negativa” en la producción de energía mediante fuentes limpias.

El balance de 2010 apunta que el sector ha sufrido una pequeña contracción frente al crecimiento espectacular que experimentó desde 2006. Según los datos provisionales de la CNE -hasta el mes de noviembre- la potencia instalada de energía renovables creció en un 4,4% el pasado ejercicio -la media desde 2006 fue del 14%-; mientras que la energía vendida cerró el año con un crecimiento estimado del 11%, cuando la media de los tres años anteriores fue del 15%.

En este sentido, la Unión Europea alertó a finales de enero que es necesario que los Estados miembros dupliquen la inversión en el sector de renovables, lo que supondría pasar de 35.000 millones de euros a 70.000 millones y alerta de la gestión de las ayudas “debe ser mejorada”, porque los inversores necesitan “coherencia, claridad y mayor seguridad”.

Dependencia del petróleo

Pero la necesidad de implantar un nuevo modelo energético que apueste por las energías renovables se ha vuelto a poner de manifiesto en las primeras semanas de 2011, tras el incremento de los precios del petróleo a máximos del año 2008 -en los días previos al estallido de la crisis financiera y económica- y la inestabilidad política que sacude los países del Magreb y de Oriente Próximo, una región que representa el 35% de la exportación mundial del petróleo y el 45% del gas natural.

La dependencia energética de España de los combustibles fósiles hace que la recuperación económica de España esté supeditada a la resolución de la crisis política del Norte de África, ya que, como sostienen algunos analistas, existe una “estrecha correlación entre el grado de dependencia del petróleo y la deuda soberana”. En este escenario, la salida de la crisis depende de la resolución del conflicto político de la otra orilla del Mediterráneo, lejos de la capacidad de decisión del Gobierno español.

En este sentido, la estrategia de ahorrar 3.600 millones de euros en primas a las renovables puede tener consecuencias negativas en el desarrollo económico, porque el petróleo caro no contribuirá a generar empleo en España, un país que tiene una elevada dependencia de los combustibles fósiles. A esta situación hay que añadir los empleos específicos que se perderán en el sector de las renovables, que sitúan muy lejos el “millón de puestos de trabajo”, que prometió el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero.

Las medidas para implantar el biodiésel como sustituto de los combustibles fósiles han sido escasas hasta el momento y con escasa protección a la producción nacional, ya que la importación de este producto de terceros países lastra la producción nacional, lo que tampoco contribuye a reducir la dependencia energética. Según el Informe Sectorial 2010 de Infinita Renovables, España redujo en un 3% su capacidad de producción en 2009, aunque tiene capacidad para producir un 80% más de lo que produce en la actualidad.  Las consecuencias de esta política es que algunas plantas de biodiesel han parado su actividad como las de Entaban en A Coruña, Bilbao y Huesca.

Mientras, en Estados Unidos, la Administración de Barack Obama mantiene la apuesta por el desarrollo de las energías renovables, no sólo en la implatanción sino en la investigación de fórmulas más eficientes. De este modo, según la AWEA (American Win Energy Association), el sector eólico alcanzó en 2010 unos costes de producción “competitivos” con el gas natural.



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